
Francia, Alemania, Italia, España, Bélgica y Luxemburgo deberían tomar la iniciativa europea en el tema espacial, que corre el riesgo de convertir a la Unión en un « enano geopolítico », y promover la creación de un Consejo Europeo de Jefes de Estado para el Espacio que impulse y amplíe los programas espaciales actuales y ponga las condiciones para que Europa llegue a la Luna y a Marte. Estas son las principales conclusiones del coloquio Política Espacial y Soberanía Europea que, organizado por PanEurope France, se desarrolló en Toulouse el pasado 17 de noviembre, en el marco del movimiento por la soberanía tecnológica de Europa, con la participación de un centenar de expertos.
Europa es todavía una potencia espacial, ya que se beneficia de inversiones decididas en los últimos decenios. Francia ha sido el principal motor de la política espacial europea, seguida de lejos por Italia y Alemania. La participación individual de los otros países europeos permanece simbólica. Se expresa colectivamente en el seno de la Agencia Espacial Europea (ESA) y de los fondos asignados al espacio por la Unión Europea.
Las decisiones presupuestarias de los ministros europeos del espacio, en preparación para 2007/2008, corren el peligro de permitir, como mucho, la reconducción de las acciones en marcha, sin garantías de continuidad más allá de los próximos cuatro o cinco años. Pero no avanzar significa retroceder.
Sin embargo, la dimensión estratégica de las políticas espaciales ha cambiado considerablemente desde hace años. La política espacial se ha convertido en un componente esencial del futuro de las civilizaciones en tres aspectos prioritarios inseparables: la seguridad y la defensa, la protección contra las crisis ambientales, el suministro de nuevos servicios a las actividades humanas.
Las políticas espaciales tienen por tanto un efecto motor cada vez mayor sobre la investigación científica, la innovación tecnológica e, incluso, sobre la dinamización de la imaginación colectiva. Los programas de exploración del espacio y de los planetas, robotizados y después realizados por humanos, desempeñan un papel decisivo en este sentido.
Se puede afirmar por lo tanto que sin una política espacial ambiciosa, no puede existir una gran potencia geopolítica, sino más bien “enanos geopolíticos”.
Derechos sobre el espacio
Esto es lo que ha comprendido desde siempre Estados Unidos. Las últimas decisiones políticas de la Casa Blanca afirman más que nunca el derecho de Estados Unidos al dominio del espacio y su derecho a eliminar a todos los que supongan una amenaza o meramente una competencia en este campo.
Pero en esta voluntad de dominio, las potencias emergentes, China y La India, han decidido no dejar ningún monopolio a Estados Unidos. Japón y Rusia, por su parte, reactivan sus políticas espaciales tradicionales.
Únicamente Europa, tanto a nivel de los Estados como de las instituciones comunitarias, no ha tomado conciencia de estos nuevos desafíos. Va camino de convertirse en uno de los « enanos geopolíticos » evocados, por no haber sabido dotarse de las ambiciones espaciales necesarias para estar a la altura de las exigencias de su supervivencia.
Por lo que respecta a Francia, en vez de continuar desempeñando en el seno de Europa el papel de líder reconocido y aceptado que ha tenido en el pasado, parece dudar. Los recientes gobiernos de la República no han dado al espacio la prioridad que se requería.
Tampoco han sabido convencer a la sociedad de la necesidad de hacerlo. Ni siquiera estos gobiernos han estado convencidos de esta necesidad. El período electoral que se vive ahora en Francia podría representar una oportunidad, pero al mismo tiempo marcar el entierro definitivo de las ambiciones espaciales francesas.
Sin embargo, Francia no puede seguir sola durante mucho tiempo. La hibernación del proyecto de Constitución ha privado a Europa de los órganos políticos necesarios para acometer, por encima de las exigencias de la unanimidad, una estrategia espacial coherente, financiada con medios suficientes.
fuente: tendencias21